PEQUEÑAS Y PEQUEÑOS CUIDADORES: TRABAJO INFANTIL DOMÉSTICO Y DE CUIDADOS EM MÉXICO
Eduardo Abedel Galindo Meneses
https://orcid.org/0000-0001-9569-281X
El Colegio de Tlaxcala A.C./ Universidad Autónoma de Tlaxcala, México.
Email: eagalindo_fcdh@uatx.mx
Emilio Maceda Rodríguez
https://orcid.org/0000-0002-6755-4652
El Colegio de Tlaxcala A.C./Universidad Autónoma de Tlaxcala (México)
Email: emacedar_fcdh@uatx.mx
Title: Little watchers: Child domestic care work in Mexico
Abstract: The present article is the result of qualitative research conducted in households in the state of Tlaxcala, Mexico, focused on understanding the participation of girls and boys in domestic and care-related child labor. The methodological approach and fieldwork were guided by the theoretical lens of child co-protagonism and the sociology of childhood, involving the development of a photo-essay co-created by the young caregivers who participated in this research. The findings reveal how care provided by girls and boys to other children serves as ontological and pedagogical clues that allow us to reinterpret and learn from the way they carry out everyday caregiving activities—such as helping with homework, serving meals, soothing frustrations and fears, or encouraging playful mischief. Additionally, the risks and vulnerable conditions in which they care for life, often locked in or alone, are highlighted.
Key words: care; child labor; child welfare; children’s rights.
Palabras clave: cuidado; trabajo infantil; bienestar de la infancia; derechos del niño.
Introducción: redimensionando el trabajo infantil doméstico y de cuidados
Desde hace más de tres décadas, a través de diferentes perspectivas como de derechos humanos, feminista o desde los estudios de género se ha abordado con especial interés y de forma muy amplia discusiones teórico-metodológicas, políticas y conceptuales sobre el trabajo infantil (Chan, 2022; Frasco, 2016, 2019; Frasco y Rausky, 2017; Gómez, 2007; Organización Internacional del Trabajo [OIT], 2002 y 2022) y el trabajo doméstico (Carcedo, 2004; Maceira, 2007; Cumes, 2014; Durin, 2017). Esto ha permitido un consolidado interés hacia estas realidades sociales traducido en líneas de incidencia, atención e investigación que se remontan a bastas nociones detrás de estos conceptos.
De esta manera, la Organización Internacional del Trabajo define el trabajo infantil como “el trabajo nocivo para el desarrollo físico y mental de los niños e incluye tareas que son mental, física, social o moralmente peligrosas y dañinas para los niños, [y las cuales] interfieren con su escolaridad” (OIT, s.f.). En este tenor, todas aquellas actividades que les priven de la “oportunidad de asistir a la escuela” o bien de obstaculizar o condicionar su asistencia, así como influir en el abandono de esta son consideradas trabajo infantil. También, puede ser entendido como “todo trabajo, de mercado o no, que priva a niñas y niños de sus derechos, su potencial y su dignidad, y que es perjudicial para su desarrollo físico y psicológico” (Instituto Nacional de Estadística y Geografía [INEGI], 2023).
Diversos estudios han abordado distintas aristas del trabajo infantil en México, desde quienes exploran el origen, causas, condiciones y normativas vigentes (Zepeda y Montes, 2023; Torres, 2022; Orraca, 2014); sus paralelos con la historia y el pasado (Cruz, 2024); su relación con el rendimiento escolar (Baquerizo y Orrala, 2023; Santillán y Vargas, 2022), los riesgos y la vulnerabilidad social (Hernández et al, 2016); la influencia del entorno familiar, el contexto inmediato, el género y la edad (Jaimes et al, 2023; Miranda y Navarrete, 2016); su vinculación a contextos de migración interna (García et al, 2022); así como quienes se posicionan jurídicamente para su erradicación por la vinculación directa con peligros tales como “la mendicidad, la trata de personas, la pornografía infantil” (Reséndez et al, 2019: 72); o quienes en el reconocimiento de que así se trate de solo una utopía, intentan transformar las condiciones hacia un entorno seguro (Sámano, 2017).
Por ejemplo, Orraca (2014: 115) explica cómo las causas que aumentan la probabilidad del trabajo infantil se encuentran en “el orden de nacimiento de los hijos y la falta de recursos económicos del hogar”. Esta fórmula explicativa, si bien expresa de manera contundente las causas más comunes que determinan la trayectoria de niñas, niños y adolescentes integrantes de hogares y familias en situación de precariedad laboral y pobreza en tanto su inserción en el mercado de trabajo o actividad económica, no obstante, es explorada desde una perspectiva que niega la dignidad de la vida en una etapa trascendental como lo es la niñez, en medida que sugiere concebir al trabajo infantil como “indeseable al disminuir el acervo de capital humano en el mediano y largo plazos, lo que limita los niveles de crecimiento económico futuros” (Orraca, 2014: 115).
Por otro lado, están apuestas como la de Sámano (2017) quien busca además de evidenciar la necesaria atención a esta problemática social, promover ambientes de trabajo saludables a partir de la seguridad ocupacional, recreando así una cultura de cuidado por parte del sector salud a las y los trabajadores y entre ellos, a las y los trabajadores en edad infantil. Lo cual, siempre conlleva a consideraciones críticas a nivel moral, por quienes están en contra, pero es sin duda una puesta política trascendental para quienes más que estar a favor, piensan en modos de regulación y protección social como una manera de acompañar estas realidades latentes.
Para una mirada panorámica acerca del trabajo infantil en México, resulta oportuno consultar la Encuesta Nacional de Trabajo Infantil al ser una base de información que demarca su magnitud, “las características socioeconómicas y laborales de los niños y las niñas que trabajan, así como de la población infantil que participa en las actividades domésticas no remuneradas en sus propios hogares” (INEGI, 2023). En el año 2022, con cifras del INEGI (2023), se sabe que de los 28.4 millones de niñas, niños y adolescentes de 5 a 17 años, 2.3 millones estaban ocupados en algún trabajo permitido (201 mil) o no permitido (2.1. millones). Mientras que 26.1 millones, que no estaba ocupados, más de 16.7 millones participaban en el trabajo doméstico en condiciones adecuadas y 1.9 millones en condiciones no adecuadas.
Por demás, estas cifras describen una realidad compleja detrás del trabajo infantil, sin embargo, también representan vacíos que logran visibilizarse cuando se miran desde la lente teórica y conceptual feminista y con perspectiva de género. En especial porque es gracias a la basta discusión sobre el trabajo doméstico y el trabajo de cuidados (Pedrero, 2004 y 2005; García, 2019; Garfias y Vasiléva, 2020) que hoy día se reconoce el aporte que las mujeres, adolescentes, niñas y niños realizan al sostenimiento no sólo del aparato reproductivo de sociedades enteras, sino también de cualquier sistema económico de gran escala y/o alcance local. Sostiene García “existen muchos otros tipos de trabajo que no se remuneran y que son indispensables para reproducir las condiciones de vida y las relaciones sociales” (2019: 239).
El trabajo doméstico, debe ser abordado desde una perspectiva multidisciplinaria, así lo sugiere Pedrero (2004), pero como punto de partida la definición dada por la OIT (s/f b) al considerar que es “el trabajo realizado en un hogar u hogares o para los mismos”, permite ir esclareciendo que el trabajo doméstico son todas aquellas labores que contribuyen a mantener “el valor de la fuerza de trabajo por debajo del costo de su reproducción” (García, 2019: 240). Y en cuanto al cuidado, este debe ser comprendido como un derecho, un trabajo y una necesidad universal que al atenderla, se sostiene la vida misma. De manera objetiva, siguiendo lo propuesto por la Red de Cuidados en México y OXFAM, México (2021: 12) el trabajo de cuidados permite “proteger, mantener, recuperar y promover las capacidades de las personas”. Lo que, de manera operativa, se puede diferenciar según el tipo de actividades realizadas, es decir, “cuidados directos o cuidados indirectos”, o bien, según “el tiempo, esfuerzo y conocimiento”, lo que los clasifica en: “cuidados simples o cotidianos, cuidados intensos y extensos; y cuidados especializados y a largo plazo” (2021:13).
En consecuente, resulta relevante discutir de manera crítica la noción de trabajo infantil desde una perspectiva de género (Lamas, 1996), así como desde el enfoque del protagonismo infantil (Cussanovich, 2001 y 2013), toda vez que la participación, especialmente de niñas y niños en el trabajo doméstico y de cuidados, si bien puede estar contabilizada, al delegarla como una actividad en marcada en una “no ocupación” o incluso, reducida a “quehaceres domésticos ya sean en condiciones adecuadas o no adecuadas” niega la participación de niñas y niños en el sostenimiento de la vida misma. Se debe reconocer la contribución de todas las niñas y los niños al funcionamiento de las sociedades y sus economías mediante el cuidado y el trabajo doméstico. Pues, con ello, también se evidencian los obstáculos en su desarrollo que esto puede generar.
El interés por el trabajo infantil doméstico en México se enmarca de manera significativa en los estudios sobre migración centroamericana en tránsito. En especial, la cotidianidad de la ciudad de Tapachula Chiapas (México) al ser un nodo del circuito migratorio ha expuesto distintas dimensiones del trabajo infantil doméstico que realizan niñas y adolescentes centroamericanas en escenarios atravesados por “racismo, xenofobia y adultocentrismo (…) al margen de la protección social con alto riesgo frente a los abusos y las violencias” (Miranda, 2020 y 2022).
A su vez, se ha buscado dar respuesta a interrogantes en torno al trabajo infantil en el ámbito doméstico y extradoméstico en México, desde una perspectiva sociodemográfica, donde las variables en torno a la jefatura del hogar y el género resultan ser un primer acercamiento para complejizar esta realidad (Valdez, 2018). En este sentido, “los hogares monoparentales presentan los riesgos más elevados [de que niñas, niños y adolescentes realicen trabajo doméstico y extradoméstico]” (Valdez, 2018: 12) y este riesgo es diferenciado en hogares con jefatura masculina y femenina.
En el presente artículo se propone dar un giro conceptual al trabajo infantil. Lo cual, implica a su vez un reto metodológico, ante el hecho de hacerlo desde una postura crítica y situada, ajena al fundamentalismo moral, pero cercana y sensible a la violencia estructural y desprotección social. Mismo que ya ha sido propuesto, en especial en la dimensión del trabajo infantil de tipo agrícola-jornaleo (Vargas, 2006; Morales, 2021). Morales (2021) encuentra en este tipo de trabajo, la oportunidad para discutir la “perspectiva abolicionista” desde un nivel ontológico, toda vez que parte de reconocer la participación de niñas, niños y adolescentes no sólo en la esfera reproductiva, sino también, productiva en la vida rural y agrícola.
Es decir, el trabajo infantil del tipo agrícola, al estar encaminado desde relaciones intergeneracionales cuya base está en lógicas de solidaridad y reciprocidad, constituye un engranaje elemental para el sostén de la vida en zonas rurales. Evidentemente, esta mirada debe considerarse con sumo cuidado y no caer en una perspectiva romántica de la pobreza, la precariedad y la situación de vulnerabilidad. Sin embargo, es necesario reconocer el significado que tienen los saberes, habilidades y capacidades que las niñas, niños y adolescentes encuentran en su participación en estas actividades, así como la contribución que realizan en lógica de producción comunitaria.
Vargas (2006) por su parte, encuentra la necesidad de “realizar una tipología” para el reconocimiento y análisis que requiere la inmersión de niños y niñas al mercado de trabajo del tipo agrícola, toda vez que estas familias indígenas y migrantes provenientes del estado de Oaxaca y Guerrero que se asientan en el Valle de San Quintín del estado de Baja California, México, “encierra en sí misma una serie de procesos entrelazados como estrategias de sobrevivencia (…) impactando de manera diferenciada a cada uno de sus miembros, según sea la etapa del ciclo vital en la que cada cual se encuentre” (Vargas, 2006: 233).
En el mismo tenor, Leyva y Pichardo, considerar importante dejar atrás “un mundo laboral” adultocentrista que niega “a los niños trabajadores, por su edad, la capacidad de representación, organización y acción colectiva” (2019: 74) a la par de comprender “las diferencias culturales y de prácticas sociolaborales, referentes que implican subjetivas que marcan y resignifican el Trabajo Infantil” (Leyva y Pichardo, 2019: 74). En este mismo tener se encuentra el trabajo de Jaimes (2023) quien señala lo indispensable que hoy día significa el reconocer las dos posturas trascendentales para el abordaje del trabajo infantil, “la abolicionista y la de valoración crítica”.
Sin embargo, este giro ontológico es quizás una tarea para realidades del sur global ajenas a la noción y definición anglosajona del concepto de trabajo infantil que se enmarca de manera diferenciada entre a) child labour que hace referencia al trabajo que interfiere al desarrollo integral de niñas, niños y adolescentes; y b) child work quereconoce todas aquellas actividades que no afectan, sino suman a su desarrollo integral de sus capacidades presentes y futuras.
Y en esta tarea, como ruta metodológica encontramos la propuesta de Rausky (2021) quien diferencia dos dimensiones básicas para abordar el trabajo infantil al reconocer “dos asunciones clave y necesarias”:
En síntesis, y en sintonía con la propuesta del presente artículo, el trabajo infantil doméstico y de cuidados evidencia la ambigüedad que puede constituir este concepto. Una ambigüedad trascendental que deberá ser reconocida como máxima ontológica y metodológica para encaminar cualquier proceso de investigación o incidencia. Es decir, es necesario tomar, de manera situada, relacional y mesurada, la perspectiva abolicionista del trabajo infantil, sin que ello niegue ni romantice realidades precarias, en situación de vulnerabilidad y violencia estructural, en las que se sumergen hogares y familias de pequeñas y pequeños cuidadores.
De esta manera, a la par de visibilizar la participación de niñas y niños, resulta oportuno visibilizar a su vez que esta experiencia resulta una instrucción pedagógica, con la que se puede establecer rutas otras para diseñar procesos de acompañamiento en la niñez, a partir de reconocer los saberes y haceres que desde sus ontologías y epistemologías emplean para cuidar de la vida de ellas y ellos, así como de otras y otros. En tanto, explorar la cotidianidad de cuidadoras y cuidadores en edad infantil, generara pistas para seguir co-construyendo miradas explicativas, interpretativas y a favor de una transformación social en pro del bienestar de la niñez, las familias y la comunidad.
Notas metodológicas: co-investigando con la niñez
El presente artículo es producto de una investigación desarrollada en el marco de la convocatoria “Miradas Convergentes. Comprensión para la acción” financiada por Dignificando el Trabajo A.C. y la Fundación Avina entre los meses de marzo y junio de 2022, siendo este periodo una primera etapa, dado que el proyecto permitió replantear objetivos y así seguir su curso. En tanto, los resultados que aquí se comparten, son un primer corte.
Como objetivo inicial, dicho proyecto buscó visibilizar el trabajo doméstico y de cuidados infantil en el estado de Tlaxcala, México, a partir de la creación de un foto-reportaje. Para ello, se requirió de un equipo multidisciplinario integrado por académicos, pedagogas y artistas, quienes, a través de talleres de fotografía llevados a cabo con niñas y niños cuidadores en la cotidianidad de sus días y sus hogares, registraron visual y narrativamente el trabajo doméstico y de cuidados que realizan. El encuentro con estos hogares fue posible a partir de un acercamiento a centros escolares para consultar a profesores de educación básica (preescolar y primaria) y/o estudiantes de educación superior, por niñas y niños que cuidaban de sus hermanos, hermanas o incluso familiares.
Esta estrategia que se empleó responde, por un lado, a lo delicado que resulta tener conocimiento de las familias que experimentan está cotidianidad al tratarse de “niñas y niños solos en casa”; y, por otro lado, el cuidado ético, fundamental, para el trabajo con la niñez pues no se debe dirigirse, de forma directa a niñas y niños, indagando mas no sobre representando su situación. El anonimato de las y los participantes estuvo de la mano con el anonimato del territorio y las localidades que albergan a estos hogares y estas niñeces.
Por otro lado, los procesos de entrevista pueden resultar en un ejercicio de interrogación y así una experiencia de violencia simbólica por estar basada en una lógica adultocéntrica. Señala Liebel y Markowska-Manista (2020: 01) en respuesta al alza de investigaciones y trabajos con la niñez, los “aspectos éticos (…) han aumentado e incluso ha dado lugar a acuerdos transnacionales” como la Carta “Investigación Ética con Niños” del Centro de Investigaciones Innocenti del UNICEF, la cual destaca el sentido de respetar a las niñas y los niños, su cultura y opiniones”. Además de que “los resultados de la investigación deben beneficiarles”, comenzando con evitar cualquier daño por su participación en el proceso de investigación al mismo tiempo que la persona que desarrolla el acercamiento cuestiona sus “propios supuestos, valores, creencias y prácticas”. Es decir, todo proceso de acercamiento con fines de indagación científica debe procurar establecer una “simetría ética” (Liebel y Markowska-Manista, 2020), como un ejercicio que permita la creación de diálogos intergeneracionales, ajenos a lógicas adultocéntricas, lo cual no sólo es una exigencia metodológica, sino también, epistemológica, ética y política.
De esta manera, llegamos a cinco hogares, que serían los interlocutores de esta investigación, todos ubicados en el estado de Tlaxcala, conformados por distintas realidades y arreglos familiares como se muestra en la Figura 1. Pequeñas y pequeños cuidadores de Tlaxcala, México.
Figura 1. Pequeñas y pequeños cuidadores de Tlaxcala, México.
Niñas y niños cuidadores |
Niñas y niños al cuidado |
Arreglos familiares |
Motivo por el que realizan trabajo doméstico y de cuidados infantil |
José 14 años Secundaria abierta Cuida a sus hermanos menores |
Ramón 8 años Cuarto de primaria Ramiro 2 años
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Familia nuclear biparental.
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Ambos padres trabajan. Su papá trabaja como obrero y su mamá trabaja en servicios al cliente. |
Citlalli 15 años Primero de preparatoria Cuida a su hermana menor |
Flor 5 años Tercero de preescolar |
Familia nuclear biparental. |
Ambos padres trabajan. Su papá es trabajador de la construcción y su mamá es trabajadora doméstica. |
Tonalli 6 años Cuida a su hermano menor Cuida a su hermano menor |
Joaquín 4 años |
Familia extensa con jefatura femenina. |
Ambos pequeños perdieron a su mamá, quien falleció a causa de una enfermedad crónico-degenerativa. Se quedaron al cuidado de sus tíos y de su abuela materna. |
Ximena 14 años Segundo de secundaria Cuida a sus hermanos menores |
Lucia 7 años Segundo de primaria Raúl 5 años Tercero de preescolar |
Familia nuclear biparental. Sus abuelos viven a una calle de distancia y, en ocasiones, apoyan en el cuidado. |
El padre trabaja y la madre sale a vender en un comercio ambulante, además de entregar sus pedidos que le hacen o realizar sus compras. |
Alondra 14 años Segundo de secundaria Cuida a su sobrina |
Nataly 1 año
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Familia extensa, con núcleo biparental. |
El padre trabaja en el campo, la madre sale a realizar sus compras, una hermana estudia la licenciatura y la otra (madre de Nataly) trabaja. |
Fuente: elaboración propia con base a trabajo de campo realizado entre marzo y junio de 2022
De la información presentada en la Figura 1, destaca que 4 de 5 niños interlocutores (cuyos nombres son ficticios) son el hermano o la hermana mayor, y/o bien “la tía joven que tiene tiempo de cuidar a sus sobrinos”. Es decir, detrás del trabajo doméstico y de cuidados infantil, se concatenan dos dimensiones significativas que de forma cultural han persistido a lo largo del tiempo (Esquivel et al, 2009; Rausky, 2009; De León, 2017), las cuales son, aquellas que tienen que ver con el lugar que ocupan como hijos e hijas de la familia, en especial los hijos mayores que pasan a ser no los proveedores, pero si los protectores; y por otro lado, la dimensión de género, siendo las niñas quienes realizan más cotidianamente estas tareas (Díaz, 2019; Aspiazu y Labrunée, 2021).
De la cotidianidad de estos hogares, se registró: i) las causas que originaron la participación central de niñas y niños en la organización de la familia y su atención al cuidado de la vida y el sostén doméstico del hogar, al asumir las tareas diarias de trabajo doméstico y de cuidados; ii) las actividades con las que se pueden dimensionar estos trabajos, describiendo la cotidiana en que se desarrollan, posibles vulnerabilidades, así como atributos y capacidades de las niñas y los niños cuando cuidan de la vida; iii) Las vulnerabilidades y los escenarios de violencia en que cuidan de la vida niñas y niños, y cómo estos -en algunas ocasiones- son resueltos, abordados o experimentados desde la ternura. Es decir, desde la resistencia, persistencia y/o transgresión de su realidad.
El trabajo de campo y la construcción del dato, siguiendo a Cussanovich (2001 y 2013), tomó un rumbo metodológico basado en la coparticipación infantil como paradigma conceptual y vivencial y se desarrolló a la par de la implementación de talleres de fotografía donde además de aprender la historia de la fotografía, la historia de las cámaras fotográficas, reglas básicas para el uso de cámaras profesionales y sacar sus primeras tomas, también, se les acompañó en el desarrollo de estrategias narrativas para la interpretación de las imágenes a manera de pie de fotos, así como en la búsqueda de un título para cada fotografía.
Por consiguiente, el dato con el que dialogamos para esta investigación que aquí se presenta fue obtenido a través de un registro fotográfico, así como a partir de las subjetividades que niñas y niños, desde sus epistemologías y ontologías, nos compartieron. El cual partió de la co-capacitación de estas niñeces. De esta forma, su acercamiento a esta representación artística, como es la fotografía, cuya naturaleza es la expresión de una “visión personal” desde las lentes, permitió la creación de un foto-reportaje como producto meta de esta primera parte del proyecto. Sus fotografías nos representaron una dimensión epistemológica de los sentires y haceres detrás del trabajo doméstico y de cuidados que realizan niñas y niños.
Asimismo, el trabajo de campo conllevó considerar dos condiciones de orden teórico y metodológico, e incluso de orden político. La primera condición fue no victimizar a niñas y niños que realizan trabajo doméstico y de cuidados. Sin embargo, y evitando romantizar o incluso negar la carga física y mental que esto conlleva, la presente investigación buscó reconocer y dialogar con el sentido ontológico, epistémico e incluso pedagógico que también implica y se determina por la participación en el cuidado de la vida a cargo de estas pequeñas y pequeños cuidadores. La intersección entre el cuidado de la vida y la niñez, desde el co-protagonismo infantil, permite discernir dimensiones ontológicas y epistémicas respecto al trabajo infantil doméstico y de cuidados.
La segunda condición fue tratar de no culpar o responsabilizar a las familias, los padres, las madres, cuidadores, cuidadoras por la participación de niñas y niños en el cuidado. Si no se buscó seguir mostrando cómo la participación de niñas y niños en el trabajo de cuidados y trabajo doméstico es resultado de la perpetuación de violencias estructurales, desprotección social, escenarios de exclusión y desigualdad social que acontecen en las cotidianidades de estas familias.
Esta orientación metodológica aspiró a ser un ejemplo de cómo transitar de investigar “a” a investigar “con” (o junto a) siguiendo a Ramos (2025:125). Es decir, dejar de considerar a la niñez como “objetos de los cuales o sobre los cuales [se puede] obtener información”. (Ramos, 2025:125)”. Por tanto, fue clave la estrategia diseñada desde un enfoque coparticipativo y centrada en la creación de una serie fotográfica. Considerando que la fotografía sería el canal de comunicación con el cual se recrearía un proceso de investigación con las niñeces en su participación en el trabajo de cuidados y el trabajo doméstico.
Hallazgos: Niñas y niños cuidando de la vida
Para este apartado, a través del registro cualitativo que busca describir la cotidianidad de niñas y niños que realizan trabajo doméstico y trabajo de cuidados, nos centramos en exponer el origen de su participación central como cuidadoras y cuidadores de sus hermanos y hermanas como son las realidades de José, Citlalli, Tonalli y Ximena, o bien, del cuidado de sus sobrinos, como lo hace Alondra.
Varios de los motivos, detrás de la participación de estas niñas y niños en el trabajo doméstico y de cuidados infantil se dan como respuesta a los horarios de trabajo de los padres, que no corresponden a las necesidades de cuidado de su familia. Esto se concibe, subjetivamente, como la figura del “hermano o hermana mayor”, que cobra un fuerte sentido al definir a las niñas y los niños de estos hogares como protectores de las y los más pequeños.
Asimismo, el trabajo doméstico y de cuidados infantil, dista mucho de significar para la vida de las niñas y los niños que realizan estos trabajos como “formativos o ligeros”, dado que, desde muy temprana edad, comienzan a experimentar sobre cargas de trabajo que son expresadas a través de “las prisas o carreras con las que andan”, lo que les significa una construcción social del tiempo muy distinta a niñas y niños que no comparten estos tipos de trabajo con sus padres.
A continuación, se comparten las narrativas y las subjetividades del día a día que niñas y niños nos compartieron a través de la explicación de sus fotos, así como las narraciones de sus padres y madres, muchas veces desde el desconocimiento. “Sabrá Dios qué hacen” (mamá de José, Ramón y Ramiro), “Se quedan encerrados y solitos” (abuelita de Tonalli y Joaquín). “La dejó solita con la tele y el teléfono para que nos llame por si le pasa algo” (Citlalli hermana de Flor).
José, Ramón y Ramiro
Figura 2. Errores cometidos
José es el mayor de tres hermanos. Está terminando la secundaria en línea que inició de forma presencial, pero que cambió a esta modalidad a partir de asumir la tarea y la responsabilidad de cuidar de Ramón y Ramiro, sus hermanos menores. También llevar la escuela desde casa y sumarse al trabajo de cuidados fue una opción que se compaginó con el interés por comenzar con sus estudios de mecánica automotriz los fines de semana, que son los días en que su mamá está en casa.
De esta manera, todas las mañanas, el día para José inicia cuando su mamá, antes de salir a trabajar, lo despierta “sino se quedan dormidos”. Minutos después, ya espabilado, abre las cortinas de la habitación que comparte con sus hermanos, quienes van despertando. Ramiro, el más pequeño, podría seguir dormido, pues él aún no asiste a un centro educativo, pero debe también “apurarse” porque junto con José acompañan a Ramón a la primaria, por lo que también se tiene que “quitar el pijama” para poder salir junto con sus hermanos. “Cuesta mucho despertar a Ramiro, es muy dormilón”, sentencia José, quien le ayuda a ponerse su ropa. “Ramiro quiere mucho a José, le dice papá”, comenta la mamá de los tres.
Después, listos para salir y ya en la mesa, toman el desayuno que calienta y sirve José, o bien “comen cereal, cuando no hay comida de un día anterior para desayunar”. Terminando de desayunar, al menos Ramón se lava los dientes y, junto con sus hermanos, salen corriendo para llegar a tiempo a la primaria, que se encuentra a cuatro cuadras de la casa. Una vez de regreso a casa, José se encarga de que el hermano menor termine de desayunar. “Antes no comía mucho, tenía que andar correteando, no le gusta estar en la silla para comer, pero ahora con sus carros y juguetes me hace más caso, o le pongo el teléfono para que se quede quieto”, comparte José.
Cuando Ramiro termina de comer, José comienza a levantar la mesa, y acomodar la ropa o los juguetes que sus hermanos “dejan por todos lados”, después juega un rato con Ramiro casi hasta que llega la tarde cuando Ramón vuelve de la escuela junto con sus primos y su tía que lo pasan a dejar a la puerta de su casa. Por la tarde, para la hora de comer, José calienta la comida o va por ella afuera con su tía o su abuela, que viven frente a su casa, y quienes, además de cocinar para ellos cuando no le “alcanza el tiempo” a su mamá, les “echan un ojo durante la tarde para que no hagan travesuras”. También, antes de sentarse a la mesa, debe pasar por las tortillas, con los 60 pesos que aprendió a administrar para toda la semana.
Por la tarde, después de lavar los trastes y maniobrar con las peticiones del menor de los tres hermanos, acompaña y supervisa a Ramón para que haga su tarea, se bañe, y prepare su mochila, sobre todo “que ponga todo en la mochila” y saque los juguetes que a veces Ramiro deja en ella, como cuando el día en que llegó a la escuela y en lugar de libretas encontró los muñecos y coches de su hermano quien los había escondido en la maleta, recuerda José.
Ramón considera que José a veces es muy enojón, pero también cariñoso. Ramón también ayuda a ordenar los juguetes y poner los platos en el fregadero e ir por las tortillas o vestir a Ramiro después del baño cuando José se lo pide sin premura, por ser el mayor. De esta manera, entre las labores de la casa, los pendientes de la escuela, las travesuras y risas, llega la noche, hasta que regresa primero su mamá y luego su papá para relevar a José, quien a veces le alcanza el día o las energías para “hacer algo” de su secundaria.
Citlalli y Flor
Figura 3. Paz
Citlalli es una niña de 15 años que inició sus estudios de preparatoria en el turno vespertino. Este horario para nada fue de su agrado, tampoco es el reflejo de su rendimiento en la secundaria, pero para las necesidades de cuidado de su familia, que Citlalli fuera por la tarde se ajustó muy bien. En especial, porque con el regreso a clases presenciales después de la pandemia por COVID-19, la hora de entrada de Flor al preescolar no correspondía con la posibilidad de su mamá, quien realiza trabajo doméstico para “una comadre en el pueblo vecino” o su papá, que trabaja en la construcción de lunes a sábados, por lo que resultaba muy complicado poder llevar y recoger de la escuela a Flor.
Citlalli, a quién le gusta mucho la fotografía, en especial capturar los atardeceres cuando salen a caminar en familia a un lado de la vía que corre en los campos detrás de su casa, teje sus mañanas de lunes a viernes entre el comienzo de su adolescencia, la “montaña rusa de sus emociones”, las tareas de la preparatoria, el horario de entrada y de salida de la escuela de Flor, y algunos quehaceres domésticos de la casa como barrer, lavar platos o poner ropa en la lavadora, sin dejar atrás, el acomodar y organizar la habitación que comparte con su hermana. “Citlalli es muy cariñosa, tiene mucha paciencia con Flor que es una pinga, a comparación de Citlalli que es muy dulce”, comparte su mamá.
Después de ir por Flor, regresan a casa y Citlalli, antes de salir corriendo para llegar a tiempo a su escuela, le ofrece una fruta o algo de comer que le permita “aguantar” el hambre hasta que regrese su mamá del trabajo, y así no esté “husmeando” en la cocina mientras se queda “sola” en casa esperando a que vuelva alguien. Aunque en ocasiones, “muy contadas”, Citlalli la vuelve a encontrar “sola” porque a su mamá le pueden llegar a pedir que “se quede otro ratito” y su papá regresa hasta pasadas las 9 de la noche.
Tonalli y Joaquín
Figura 4. Mi hermano comiendo cereal con sus manos
La mamá de Tonalli y Joaquín falleció cuando ella tenía 3 años y él apenas unos meses de nacido. Desde ese momento quedaron al cuidado y tutoría de su abuela y tío maternos, quienes en colectivo asumen los gastos y también el tiempo para cuidar de ambos. Pero, dada el tiempo de trabajo de sus cuidadores que se dedican al comercio en la venta de frutas y verduras durante el día, y la preparación y venta de antojitos típicos durante la tarde noche, Tonalli cuida de Joaquín por las tardes desde que tenía un año y “ya caminaba” hasta entrada la noche, cuando regresan, tanto su tío como su abuela del "local". De esta manera, Tonalli y Joaquín se quedan encerrados, “los dejamos solitos viendo televisión, jugando con su perro, o el Xbox”, comenta su abuela materna. Antes de ellos, cuando Tonalli regresa de la escuela, a veces sola y otras veces le alcanzan en el canal, llegan y comen mientras su abuela termina de preparar los alimentos que por la tarde venden en el local.
Tonalli, menciona que su hermano es muy inquieto, y no hay tarde en que no haga una travesura. "Anda encima de todo, todo el tiempo, jugando con su perrito que luego hasta lo pinta…" comparte Tonalli, quien sueña con ser enfermera y ayudar a las personas "como quienes ayudaban a mi mamá cuando estaba muy enferma".
“Es tanta la energía de Joaquín que su hermana no sabe qué hacer”, "se ha caído muchas veces, un día hasta se lastimó la mano de que es bien travieso", comparte su tío de ambos quien es soltero, vive con ellos y cuida de sus sobrinos cumpliendo "la promesa" que le hizo saber a su hermana cuando falleció.
Para el cuidado de los pequeños, la familia recibe el apoyo que se traduce en dinero, ropa o juguetes de una de la tía de los pequeños, quien vive en otra ciudad, y también tiene hijos, pero "le va bien" y nos manda cosas para los "chaparros, juguetes o ropa que sus hijos no usan y esta buena o compra las cosas por docena y así salen baratas y las reparte".
N., recuerda mucho a su mamá con su ropa, maquillajes y algunas fotos que la familia guarda de cuando ella era pequeña. A veces le escribe cartas y las lee cuando su abuela regresa por las noches y los lleva a dormir.
"Nos gustaría saber qué hacen; a veces su tío se viene a dar una vuelta, pero otras veces de plano si se quedan solos toda la tarde hasta que metemos el puesto y nos venimos para la casa. (...) a veces, los encontramos frente al televisor durmiendo, otras veces cenando y para eso Tonalli le sirve cereal, ella sabe cuál es su cereal y plato favorito” comenta su abuela. "Solo una vez nos asustaron, porque llegamos y no los vimos y se nos hizo bien extraño, porque estaba todo oscuro y muy en silencio, pero cuando subimos a los cuartos ya estaban durmiendo los dos en la cama" que comparten con su abuela, menciona su tío. Eso sí, cuando Joaquín "se llega a enfermar Tonalli, es muy atenta con él". Un día hasta le calentó un tecito, "quién sabe cómo lo habrá preparado y, sobre todo, quién sabe cómo prendió la estufa".
Ximena, Lucía y Raúl
Figura 5. Ximena
Ximena es una niña de 14 años inquieta, con sueños, ilusiones, desilusiones, y con la esperanza de festejar pronto sus 15 años. Acude a la escuela y, al volver, realiza su tarea y apoya en su casa. Su padre es ingeniero y trabaja en una empresa donde, en ocasiones, lo mandan fuera, ya sea para capacitarse o para capacitar a otras personas, por lo que a veces pasa algunos días fuera de casa. Su mamá realiza las tareas de su hogar, pero también tiene un negocio de venta de ropa, por lo que a veces acude a entregar los pedidos que le hacen, o instala un pequeño puesto ambulante a la salida de las escuelas, donde vende sus productos.
Cuando su papá está trabajando y su mamá está vendiendo o surtiendo su negocio, Ximena se encarga del cuidado de sus hermanitos, les da de comer y los apoya con sus deberes escolares. Lucía tiene 7 años y es una niña que cursa el segundo grado de primaria y al volver a casa apoya a su hermana en algunas de las tareas de la casa, aunque a veces discuten por algún desacuerdo, pero al final terminan reconciliándose. Con Raúl, de 5 años, la historia es un poco distinta, ya que es muy activo, le encanta jugar y, por su edad, a veces Ximena tiene que estarlo correteando para que pueda hacer la tarea, sentarse a comer o realizar actividades como el recoger sus juguetes o apoyar en la limpieza de la mesa o de su cuarto.
La relación de Ximena con sus hermanitos es muy estrecha, al grado de que, cuando no está, Raúl llora por su ausencia o le ha llegado a decir “mamá” a su hermana, lo que nos habla del papel que desempeña la figura de Ximena en la vida de su hermano. A veces, cuando necesita algún apoyo, su tía o su abuela han acudido o ellos van a buscar a sus familiares, ya que viven a una calle de distancia, pero por lo regular entre los tres hermanos buscan llevar de la mejor manera los momentos en que co-comparten sus responsabilidades.
Alondra y Nataly
Figura 6. Perspectiva positiva
Al llegar a su casa después de las clases en la secundaria, Alondra saluda a su mamá y la apoya en las labores de su casa, ya sea limpiando la sala, escombrando su cuarto o apoyando en la cocina. El papá de Alondra trabaja en una fábrica y, en los tiempos que tiene libre, también realiza algunas actividades del campo, mientras que sus hermanas mayores, una estudia la licenciatura y en lo que se traslada desde el centro de Tlaxcala hasta su casa tarda hasta una hora y media, mientras que su otra hermana, la mamá de Nataly, trabaja, por lo que Alondra pasa buena parte de su tarde sola con su mamá y su sobrina.
Cuando su mamá debe salir a algún encargo, a comprar lo necesario para su casa o arreglar algún asunto, Alondra se encarga de Nataly, una niña de un año que es curiosa, le gusta estar explorando y jugar con sus juguetes o carro montable por toda la casa, por lo que requiere de su atención y cuidado, mientras realiza al mismo tiempo su tarea de la escuela. Incluso si la mamá de Alondra no sale, en ocasiones está ocupada con actividades en su casa, por lo que la pequeña se queda al cuidado de su tía.
Alondra aparte de asistir a sus clases de la secundaria, tiene interés en la música y toca la guitarra, pero lo que más le llama la atención es lo relacionado al maquillaje y al estilismo, ya que desde pequeña siempre le ha gustado maquillar a sus amigas, familiares y compañeras de la escuela. Estas actividades se entremezclan con el cuidado de su sobrina: darle de comer, “echarle un ojito”, cambiarle el pañal o enseñarle a caminar.
Breve discusión: co-compartiendo el cuidado de la vida, apapachando peligros
En este apartado se abordan las subjetividades que niñas y niños co-construyen en torno al trabajo doméstico y de cuidados que realizan en sus hogares. Dichas subjetividades resultan interesantes al empatar con ontologías otras que develan formas de convivencia y relación social que vale la pena destacar para su valorización pedagógica y política. Al convivir en un escenario donde los cuidados se acompañan de frustraciones tanto de ellos como de las cuidadoras y cuidadores, así como de sus hermanos, se delata cómo han aprendido a acompañar los miedos e inseguridades por los que atraviesan y experimentan en esta etapa de su vida. Asimismo, resalta la manera en cómo han aprendido a tejer acuerdos y, sobre todo, han logrado aprender a negociar -de manera horizontal- en momentos clave, como al realizar actividades en común, ya sea en la hora de la comida y tengan que comer aunque no les apetezca; la manera en que se logra su participación colectiva en los quehaceres domésticos; la responsabilidad que se fomenta para el cumplimiento de tareas extraescolares, o incluso a respetar tiempos de diversión y recreación.
De esta manera, el modo en que afrontan el trabajo doméstico y de cuidados las niñas y niños interlocutores de esta investigación resulta también un orden epistémico y pedagógico del cuál mucho se puede aprender, o que bien empata con modelos teóricos como la pedagogía de la ternura o el protagonismo infantil. Por ejemplo, Citlali narró cómo aprendió a escuchar y “saber” cómo lograr que su hermana hiciera la tarea. “Al principio no le gustaba, le tenía que estar dice y dice, después me di cuenta de que, si jugaba con ella, o veíamos un video juntas y le decía que después íbamos a hacer la tarea, ya no hacía rabietas. (...) cómo que le doy su tiempo, y le voy avisando que después de una cosa haremos otra”, comparte Citalli. José, también encontró en el juego y sobre todo en compartir tiempo a través de la diversión, la llave para lograr que sus “hermanos le hicieran caso”. “De que juego con ellos, me hacen caso y así Ramón si hace su tarea, porque luego no quieren”.
Cuando se dialogó acerca de los castigos o regaños a sus hermanos o hermanas, ninguno compartió una experiencia cercana a la violencia, al contrario, varios de ellos expresaron que no les gustaba cuando los regañaban los adultos. “A mí no me gusta que la regañen, siento feo que le griten, yo no lo hago” dice Citlalli. “Siempre que le dicen algo a Ramiro, viene a abrazarme”, comenta José. “Ramiro siempre se acusa con su hermano José”, comenta su mamá.
Conclusiones
Este artículo tuvo como objetivo contribuir al desarrollo teórico y metodológico del estudio del trabajo infantil doméstico y de cuidados. Particularmente, buscamos desmesurar la participación co-protagónica de niñas y niños al cuidado de otras niñas y niños. Este abordaje se realizó desde una lente un tanto diferente a la de la literatura disponible sobre trabajo infantil, trabajo de cuidados y trabajo doméstico. Que, si bien permitió mostrar las condiciones de desprotección social y precariedad laboral de estos hogares, se buscó establecer una ruta de diálogo epistémico y ontológico para conocer y distinguir la experiencia de estas niñas y niños en su cotidianeidad, la cual cobra una dimensión ética y política.
Es decir, más allá de pensar, como eje de análisis, las causas y el origen por los cuales, en la niñez, se adquieren responsabilidades de trabajo de cuidado y doméstico en las familias, buscamos aprender y dimensionar las dimensiones éticas, pedagógicas y políticas con las que estas pequeñas y pequeños cuidan de la vida de otras infancias.
Es por ello, que el desarrollo metodológico del proceso de investigación requirió de una orientación ética, de tal manera de no reproducir experiencias de violencia como pueden llegar a ser la aplicación de una entrevista a niñas y niños. Por lo cual, en la fotografía se encontró un canal de comunicación que parte del respeto a la dignidad humana, al permitir plasmar miradas, momentos e instantes capturados por la luz y su reflejo. Por ende, el acercamiento con las infancias se dio en el marco de un taller de fotografía para niñas y niños, que sirvió como espacio para acercarnos al objetivo planteado en esta investigación.
Las fotografías tomadas desde la mirada de estas pequeñas y pequeños cuidadores enmarcan la ternura con la que acompañan el día a día a través de la atención y el cuidado de sus hermanas o hermanos menores o de sus sobrinas/os. Consideramos, sin el ánimo de romantizar, que muestran la manera en que la niñez resignifica la ausencia de sus padres, madres o cuidadoras y cuidadores adultos, reconociendo la materialidad e inmaterialidad que atraviesan la vida de las niñas y niños a su cargo. Asimismo, encuadran la mesura, paciencia, respeto y amor con los cuales estas pequeñas y pequeños cuidadores conducen sus relaciones intergeneracionales, de hermandad, de solidaridad y reciprocidad detrás del trabajo doméstico y de cuidados que brindan. En síntesis, las fotografías son rutas para su abordaje teórico y metodológico que develan otra arista del trabajo infantil doméstico y de cuidados.
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